martes, 29 de abril de 2014

En el ♥ no se manda (Capitulo 20)


Hola chicas, os quería pedir perdón porque dije que subiría un maratón de 4 o 5 capitulos, pero solo voy a subir 3. Lo que ha pasado es que he tenido otras cosas que hacer y no me ha dado tiempo ha escribir más, me iba a esperar a escribir otro capitulo más y después publicar 4 capitulos pero ya quería subir porque llevo mucho tiempo sin publicar. Voy a subir 3 capitulos y os prometo que en esta semana tendréis por lo menos un capitulo más para leer a parte de estos tres que subo ahora. Os quiero y espero que os guste el mini maraton :)

CAPITULO 20

      Todo está oscuro, no hay luz en la calle y me arriesgo a caer al suelo, pero eso no me impide correr para llegar a casa. Le prometí a mamá que no me demoraría y ya es tarde. Me dispongo a cruzar la carretera. Es verdad que está oscuro pero se puede identificar dónde está la acera o si alguien se interpone en mi camino, aunque no hay nadie por la calle, lo que es extraño para ser viernes.

      No vienen coches así que voy a cruzar, cuando voy por la mitad de camino una luz se enciende y un coche viene a toda prisa hacia mí. Me quedo congelada en medio de la carretera, el miedo se ha apoderado de mí y las piernas no me responden, no me puedo mover. El coche está cada vez más cerca y cierro los ojos con fuerza, al ver que no pasa nada abro los ojos poco a poco y veo que el coche se ha detenido y un hombre que no consigo ver sale de él.

-¿Estás bien chica? -Me pregunta con su voz grave. Una voz que asusta. No puedo ver su cara, la luz del coche me da de lleno en la cara y me ciega.

-Sí. -Consigo decir en un susurro.

-Ten cuidado cuando cruces la calle chica, podrías ser atropellada por un coche, y más en una noche tan oscura. Deberías volver a casa antes de que algo te pueda suceder.

      Tiene razón, este señor tiene razón, pero estoy segura que ningún coche venía cuando me dispuse a cruzar la calle. Siento un golpe fuerte en la cabeza y noto que me caigo, pero antes de caer al suelo unos brazos me atrapan. Después de eso ya no veo nada más. Creo que me quedo inconsciente, hasta que despierto.

      Me duele mucho la cabeza, no recuerdo nada, ¿qué habrá pasado? Abro los ojos lentamente, ¿dónde estoy? No conozco este lugar. Oigo dos voces hablando.

-Prométeme que después de esto me dejarás en paz. Con esto pago mi deuda, tu lo prometiste.

-No te preocupes hombre. Siempre cumplo lo que prometo, me has traido una verdadera joya. La chica es preciosa.

-Prométeme que no la vas a lastimar. 

-Oh tranquilo, no hace falta que te salga la vena protectora de padre ahora. No voy a lastimarla, simplemente voy a saciar mi necesidad de placer con ella. Recuerda que es mi pago por el dinero que te presté. Tú mismo me la cediste por que no tenías con que pagar.

-Lo sé.

      ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué quieren? ¿De qué están hablando? Tengo miedo, me muevo en mi sitio, intento levantarme pero estoy atada a una silla. ¿Por qué estoy atada? ¿Qué quieren estos señores de mí? Asustada, estoy asustada, empiezo a forcejear, miro a los señores que intercambian unas palabras más, ellos ven que forcejeo y se acercan a mí, se quedan mirándome. No dicen nada. Sólo me miran. Uno de ellos tiene cara de arrepentimiento en su cara. El otro sonríe con maldad.

-¿Dónde estoy? ¿Qué quieren? ¡Suéltenme! Por favor. Quiero ir a casa, mi madre estará preocupada. Por favor. -Las lágrimas amenazan con salir, estoy muy asustada.

-Oh pequeña, no te preocupes. Tu mamá piensa que vas a te vas a quedar en casa de una amiga a dormir. Ya nos encargamos de eso.

-¿Qué quieren? -Grito. -Por favor, -suavizo la voz. -déjenme ir a casa por favor. -Las lágrimas salen de mis ojos.

-Tranquila pequeña. Volverás a casa. -Vuelve a decir el mismo hombre. -Pero antes tu y yo nos vamos a divertir mucho. -Me intenta acariciar la mejilla pero le aparto la cara. -Oh, qué bien. Me gusta la resistencia. -El hombre ríe muy fuerte. El otro hombre se queda en silencio, no dice ni hace nada. Sólo observa.

-¿Puedo hablar con ella a solas? -Dice por fin el otro hombre. El que habló conmigo asiente y sale de la habitación. 

      Me fijo a mi alrededor, es una habitación común, la pared blanca, una cama en el centro, una mesita de noche, un ropero, y todo eso que te puedes encontrar en una habitación. 

      El hombre se acerca a mí y se agacha delante mía para quedar a mi nivel, su rostro se muestra arrepentido. No le conozco, pero en mi interior siento algo, una atracción muy extraña, algo que me dice que yo he visto a este señor alguna vez. Pero no lo recuerdo.

-Lo siento mi niña. De verdad que lo siento. -El hombre acaricia mi mejilla con suavidad, recuerdo alguna vez haber sentido esta caricia. Pero dónde. No lo recuerdo.

-¿Quién eres? ¿Por qué me tiene aquí? ¿Qué quiere hacer conmigo? Por favor suélteme, déjeme marchar. Prometo no decir nada. -Le digo mientras mis lágrimas caen por mis mejillas sin detenerse.

-No puedo pequeña, lo siento. Le prometía a ese señor... -Su voz se quiebra.

-¿Quién eres? ¿Por qué siento que le conozco?

-Porque me conoces mi amor. ¿No te acuerdas de mí? -Niego con la cabeza. -Claro, -Dice otra vez el hombre. -eras tan pequeña, no sabes cuánto me arrepiento de haberlas abandonado. -No puede ser, ¿abandonarnos? ¿Quién es este señor? -Pero las cosas entre tu mamá y yo no iban bien, yo era un maldito drogadicto y lo mejor fue haberme ido de allí.

-¿Papá? -La palabra `papá´ sale de mi boca en un susurro. El hombre asiente con la cabeza. Ahora sé porque tenía la sensación de que conocía a este señor. Ahora sé el por qué sentí eso cuando me acarició. Él solía hacerlo cuando no estaba tomado. Cuando me pedía perdón por haberme golpeado la noche anterior cuando venía borracho. Yo apenas tenía dos años. 

-Perdóname mi niña. -Vuelve a decir.

-¿Por qué me pides perdón? ¿Por habernos abandonado a mí y a mi madre, o por golpearme cuando estabas borracho cuando yo apenas tenía dos años? -Mi padre se queda callado, no dice nada. -Porque si es por eso ten por seguro que jamás voy a perdonarte, no sabes cuánto tiempo estuvo mamá mal, las veces que deseé que no aparecieras esa noche. Apenas tenía dos años y lo único que recibía de tu parte son golpes. ¿De qué te servía pedirme perdón por la mañana si esa misma noche me volvías a golpear? ¡Dime! -Le grito con fuerza. Puedo ver unas cuantas lágrimas salir de sus ojos.

-No es por eso por lo que pido perdón, sé que eso ya no tiene vuelta atrás. Sé que tanto tú como tu madre jamás me vais a perdonar por eso, eso lo sé. Pero yo no te pido perdón por eso. -Lo miro atónita, mis lágrimas han cesado, pero no le digo nada. Él se seca sus lágrimas y se levanta. -Tengo que irme. -Se da la vuelta y camina hasta la puerta.

-¡No! Espera. -Le grito y él se voltea para mirarme. -¿Me vas a dejar aquí? Suéltame por favor. 
-Se vuelve a acercar a mí.

-No ves que no puedo. -Apoya sus manos en las abrazaderas de la silla en la que estoy atada, de forma que queda frente a mí, nuestras caras muy juntas. -Tú eres mi pago.

-¿Qué quieres decir? -No sé qué quiere decir con eso y me estoy asustando aún más.

-¿Es qué no lo ves? Le debo dinero a ese señor, y le estoy pagando contigo. Él te lo dijo antes, se vais a divertir mucho esta noche. 

-No, -Las lágrimas vuelven a caer por mis mejillas. -no puedes hacer eso. -Empiezo a forcejear para soltarme, pero es inútil. -Tienes que ayudarme, -Le digo entre sollozos. -eres mi padre. No puedes dejar que un hombre me toque. Por favor. Te lo suplico. No me dejes aquí.

-Ya cállate. -Me grita. Se separa de mí y camina hasta la puerta.

      Le suplico que me ayude mientras forcejeo con las cuerdas, pero es inútil. Se ha ido y el otro hombre entra en la habitación.

-Por favor, no lo haga. Déjeme ir. Se lo suplico. -Las lágrimas no paran de salir. Estoy llorando, más bien sollozando. El hombre se acerca a mí y se queda de pie frente a mí. Levanto mi cabeza para mirarlo. -Por favor. -Vuelvo a suplicar.

-Lo siento pero tu padre me debe mucho dinero y de alguna forma tengo que cobrarme.

      Se agacha para ponerse a mi altura e intenta besarme sin conseguirlo porque le aparto la cara, a lo que él me la agarra con fuerza y me besa con furia. No puede ser, mi primer beso y es a la fuerza con un viejo. No para de llorar, intento forcejear para soltarme pero no lo consigo, tampoco consigo que el hombre pare de besarme.

-Me gusta que las chicas forcejeen, así como tú.

-Por favor, por favor. 

      No paro de rogar, pido ayuda pero sé que nadie me va a escuchar, llamo a mi madre pero también sé que jamás me va a escuchar. Cierro los ojos mientra el hombre me da besos por el cuello. Me siento asqueada. 

      El hombre rompe mi camisa por la mitad y yo grito pidiendo auxilio pero otra vez sin respuesta. Nadie va a venir a ayudarme. El hombre me desata una mano y aparta la silla de mi lado, intento escaparme pero me es inútil.

      Otra vez completamente atada, el hombre me vuelve a besar, pero esta vez le muerdo el labio con fuerza, tanto que consigo hacerle sangre. Él gruñe del dolor y se lleva su mano hasta la boca, y acto seguido me pega una cachetada que hace que caiga a la cama, como puede consigue quitarme los pantalones mientras forcejeo para que no lo consiga, pero es inútil otra vez. 

      El hombre consigue quitarme el sujetador (Sostén) y manosea mis pechos tirando de mis pezones, haciéndome daño. Yo intento luchar por liberarme mientras grito suplicando que me deje y lloro, lloro mucho. No me puedo creer que vaya a perder mi virginidad de esta forma. Yo siempre pensé que mi primera vez sería dulce, con un hombre que verdaderamente me amara y yo lo amara a él con toda mi alma como para entregarle mi virginidad. Pero de esta manera nunca me lo imaginé. 

      Unos minutos después va bajando por mi cuerpo dando besos por todo el cuerpo, jamás me había sentido tan asqueada. Puedo notar su erección contra mi muslo izquierda y cierro los ojos del miedo y la repulsión que siento. Pido ayuda mentalmente, pero ya dejo de forcejear. No me quedan fuerzas, no puedo ni con mi alma. EL hombre agarra mi parte baja de la ropa interior y tira de ella hacia abajo. Por un momento no siento nada, parece que haya parado, pero entonces cuando estoy a punto de abrir los ojos siento como la erección del hombre entra en mí por completo haciéndome daño. Entonces me retuerzo bajo el, gritando, llorando pidiendo ayuda, rogando, pero él sigue, aumentando la velocidad y yo cada vez más asqueada.
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-Despierta, mi amor por favor, despierta bonita. -Oigo una voz, no sé quién es. -Amor, amor me estas asustando.

      Entonces me levanto de la cama chillando llorando y bañada en sudor, Justin está a mi lado y me abraza con fuerza. Mi respiración está agitada y tengo miedo. 

-Tranquila mi vida, tranquila. -Me tranquiliza Justin. -A sido solo una pesadilla. Tranquila. Estoy aquí mi amor. Estoy aquí. -Su voz suena preocupada y lo abrazo. Lo abrazo con fuerza, no quiero soltarlo, no quiero que se aleje de mí. Lloro en sus brazos. Las lágrimas no paran de salir, y no lo puedo evitar. -Shh... -Me intenta tranquilizar Justin. -Es solo una pesadilla mi niña. 

      Ojalá fuera solo una pesadilla, y lo peor de todo es que todo eso me pasó con solo 15 años. Quiero decirle estas palabras a Justin, pero no me atrevo. Nunca antes le había contado esto a nadie. Ni siquiera a mis amigas cuando les conté sobre mi padre biológico. Quise ahorrarme esta parte pues ni mi madre lo sabe.

      15 minutos después mi respiración se ha calmado, he dejado de llorar y Justin acaricia con ternura mi cabello y planta tiernos besos en mi cabeza, calmándome. 

-¿Estás mejor? -Me pregunta. Yo asiento y me retiro de él, lo miro a los ojos y él me sonríe, después planta un tierno beso en los labios.

|Narra Justin|

      Me he pegado un susto de muerte cuando escuche gritar a ____ de esa forma, pensé que algo le estaba pasando, pero parece que ha sido solo una pesadilla. No creo que esta pesadilla sea casual, sé que algo le pasa es por eso por la que la traje aquí. 

      Después de decirle que la quería ella se acercó al lago y después de eso jugamos, reímos y nos besamos mucho. La verdad que jamás me lo había pasado tan bien como me lo pase con ella en una tarde.

      Ahora estoy aquí, frente a ella después de una horrible pesadilla que parece que ha tenido, he conseguido calmarla pues estaba muy agitada y ahora la tengo frente a mí. Le doy un tierno beso en sus labios, para que sepa que estoy con ella y que mientras yo esté aquí nada va a sucederle, yo no lo voy a permitir.

-Metete en la ducha y quítate el sudor bonita. -Le digo mientras le acaricio la mejilla con ternura, ella planta un beso mojado en mis labios y se levanta de la cama adentrándose en el baño. Me levanto de la cama y ____ vuelve a salir del baño.

-Justin, ¿me dejarías una blusa tuya por favor? -La miro extrañado. -Es que mi pijama esta empapado en sudor y no me lo voy a poner otra vez. 

-Claro, ahora voy a buscar una para ti. -Le sonrío y ella vuelve a entrar en el baño. 

      Mientras ella está en la ducha yo cambio las sábanas de la cama que están bañadas en sudor y le traigo la camisa que me pidió. Luego me siento a esperar a que ella salga, y unos 5 minutos después sale con sólo mi blusa puesta. 

      Se ve tan jodidamente sexi en esa blusa que me dan ganas de comérmela. Pero no, no quiero estropear esto.

-Ven, metete en la cama. -Le digo mientras me levanto de la silla en la que estaba sentado y destapo la cama para que ella se pueda echar. Ella obedece y se mete en la cama. Después la tapo con las sabanas y el edredón. -Nos vemos mañana bonita, que descanses. -Me retiro para irme pero ella me lo impide agarrando mi brazo.

-¿Dónde vas? -Me pregunta, puedo notar miedo en su voz. 

-A dormir, a mi habitación bonita. -Le digo con voz tranquilizadora. Entonces ella me suelta y se hecha hacia un lado en la cama destapando el lado que ella ha dejado libre. ¿Debo entender que ella quiere que duerma a su lado?

-Quédate conmigo por favor. Duerme aquí, no quiero quedarme sola. -No puedo negarme después de su pesadilla, Así que me quito las zapatillas de andar por casa y me acuesto a su lado. Ella se acerca a mí y me abraza. Coloca su cabeza en mi pecho y una de sus manos en mi cintura. Yo la rodeo con mis brazos, abrazándola con fuerza, pero no demasiada.

      Y así ambos caemos en un profundo sueño que dura hasta la mañana siguiente, sin más pesadillas.

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